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Mientras las imprentas echan chispas con la producción de la campaña de primavera, cuando se avecinan ferias, fiestas y otras orgías culturales,
uno piensa que es una pena que los libros no se coman. Pero es lo que hay, y con el papel tenemos que ir tirando. En lo que llevamos de año hemos sufrido unas desproporcionadas devoluciones de nuestros amigos los libreros, que si los libros fueran coches, los fabricantes habrían ya cumplido sus amenazas de fuga. Están las librerías desoladas, con huecos en los estantes y cajas por el suelo con nuestros libros que vuelven a casa como el hijo pródigo. Y entre tanto nos fuimos a Zaragoza donde aireamos nuestras fantasías y trasegamos cerveza. Nuestros anfitriones, Paco y Ana, los libreros de Cálamo, han quedado satisfechos. Nadie ha roto nada, nada ha quedado sin pagar. Y libreros y editores somos ahora más amigos. Brillando como siempre por encima de los simples mortales, Nubia Macías, la directora de la feria de Guadalajara. ¿Y ahora qué? Ahora Sant Jordi, que dice mi amigo Jesús que cada día se parece más a la feria de Ponferrada, y luego Salamanca, donde entregaremos los premios Ciudad de Idem, que este año ha ganado Alfredo Tajón con la novela Pez espada. Y luego Madrid: la vorágine. Pero estoy yendo demasiado rápido, y primero es lo primero. Ahora de momento Viaje del Punjab a Cachemira y El Despedido. Dos libros absolutamente distintos para un mismo lector. El lector de buenas lecturas. Nuestro lector, claro. Un abrazo.
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